domingo, 22 de febrero de 2009

Feudalismo Tardío y Capitalismo

Importantes cambios en el contexto político (transformación de monarquías a estados) y económico (capitalismo más comercial y financiero) impulsaron el liderazgo de Europa entre los Siglos XV – XVIII.

La expansión a través de la conquista de nuevos territorios, el saqueo y la explotación del trabajo indígena permiten la consolidación de la interacción del comercio a escala mundial. La evolución de la producción mediante la implementación de grandes plantaciones causa una masificación del comercio basado en la cantidad vendida.

Holandeses e ingleses se introducen en el comercio trans–oceánico, ofreciendo un conjunto de bienes de consumo masivo sin competencia. Durante los tres primeros cuartos del siglo XVII la primacía comercial será Holandesa. Debido a la caída del comercio báltico, causada por la disminución de la demanda de cereales en Europa occidental, la escasez de plata y las políticas mercantilistas de Gran Bretaña y Francia, la primacía comercial pasa a Inglaterra.

Durante la edad moderna, el sector agrario también evoluciona impulsado por el comercio, por mejoras tecnológicas aplicadas a maquinas y procesos productivos y por cambios en la organización y localización de la actividad. Estos cambios inician la transformación de la agricultura tradicional (basada en el auto abastecimiento), a una capitalista enfocada al comercio.

El sistema capitalista postula una organización económica, social y política sobre bases diferentes al feudalismo y tiene sobre todo importantes consecuencias en la diferenciación social entre propietarios y trabajadores.


Revolución Verde

Desde 1950 la producción agrícola ha aumentado a un ritmo muy importante superando el nivel de crecimiento de la población, hasta alcanzar una producción que seria suficiente para alimentar a toda la población si estuviera bien repartida. Este incremento se ha conseguido como se hizo en el siglo XVII en los Países Bajos, sin poner nuevas tierras en cultivo y aumentando la producción por hectárea cultivada.

A pesar de estas mejoras también hay algunas consecuencias preocupantes como la gran dependencia alimentaria del Tercer Mundo de los países desarrollados y el notable dominio (una vez más) de estos en el comercio internacional, condicionando la distribución de los alimentos.

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